En una continua sonrisa, nazco y me renuevo.
Permanezco un tiempo.
Me entrego y en una danza sutil y melodiosa; en
un ascenso infinito
(sin lineamientos), meciéndome angelicalmente junto a
ellos, que me enseñan su magia de ser y permanecer, imperceptibles, intangibles) a la vista ordinaria; a los espacios concretos y ya conocidos.
No existe pauta que indique el límite efervescente del sentimiento amor unificado.
Nada se altera ni se confunde.
Los ojos sabios mantienen el rayo mando, tal cual fué y será,
sin alterarse ante el autismo colectivo de las leyes concebidas originalmente.
Nuevamente, el sentimiento se libera sin temor ni espacio prefijados,
se dispersa manso y claro, inimaginable cada vez, esperado como el sol
en las mañanas; como el agua en la madre tierra; como la tierra
esperando al viento para que mezcle las semillas para luego nutrirlas
sin preguntar.
Ella, sabiamente, las alimentará sin más que el
anhelo de ver su obra terminada en una perfección, sin pensar que le
pueda pertenecer, sin creer que es suya tanta hermosura.- Por Angie
García

No hay comentarios:
Publicar un comentario