UNA PROMESA
Regresamos con mi niño
de una maravillosa caminata, entre juegos subida de árboles y canciones,
observamos las montañas, los enormes árboles, los pájaros, escuchamos
el silencio…volvemos por el sendero da las flores… el primero de muchos…
el primero que me llena de alegría, el camino que me trajo paz.
Llegamos a casa exhaustos de nuestro paseo, un baño para él, una cena
calentita y lo acuesto a dormir, se queda mirando la tele un rato y se
desploma en un sueño relajado y suave.
Voy a la cocina, mientras cargo la pava con agua para unos mates, veo
por la ventana las luces a lo lejos de esta enorme ciudad, quedo
detenida en una de ellas, me apoyo en la mesada y quedo absolutamente
abstraída…
Han pasado ya dos años que nos mudamos, disfrutamos
de este maravilloso paisaje, de una vida tranquila, rodeada de gente
maravillosa y amable, son casi nuestra familia, con muchas alegrías y
algunas tristezas hemos emprendido una nueva vida.
Alguna vez
he leído un libro de Bernardo Wikinski, que hablaba de Mercaba, me sentí
muy identificada… hablaba de muchas vidas en una sola… increíble…
cierto…
Me veo reflejada en el frío vidrio de la ventana, quedo
detenida en esa imagen… mi imagen… me trae recuerdos, recuerdos que
se han convertido en historias para ser olvidadas.
Una promesa… una sola ha cambiado mi vida…
una sola palabra que se repite en mi mente cada mañana, en cada momento
reflexivo… ”mantente alegre” ya que la felicidad es una consecuencia y
no habrá lugar ni situación que distraiga tu sentir.
La alegría del don de amar, de crear armonía allí donde estés.
Así he vivido los últimos años en completa alegría a la oportunidad de
vivir… de ser, la oportunidad de poder ver a mi hijo crecer y poder
transmitirle que una vida con amor y respeto a uno mismo se convierte en
una existencia maravillosa.
Por Angélica García - 7/ 2006

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